domingo, 10 de julio de 2016

Las más hermosas islas del Caribe (X): Curaçao

Nos levantamos muy temprano, no se si por el jet lag o por los nervios de la llegada.
Lo cierto es que tuvimos la suerte de ver desde nuestro camarote la entrada al puerto de Curaçao mientras amanecía.
Vimos las casitas de colores, el famoso puente que sale en las fotos y el atraque.
Con las mismas nos dimos una duchita y a desayunar en el Panorama, mientras estableciamos nuestros primeros contactos con la isla.
El tiempo estaba un poco revuelto, unas nubecillas, unos claros, bueno, para dar tiempo a que la piel se acostumbre.
Lo que si era muy alta era la humedad. Buff, como cuesta acostumbrarse.
Despues del desayuno, todos a tierra, a buscar alguien que nos enseñara la isla.
A buscar dije?
No hace falta, hay propuestas por todos los lados y de todo tipo.
Incluso estabamos pactando mientras nos hacian las fotos de rigor de cada puerto.
Encontramos a un chico que nos ofrecia por 12 dolares por cabeza llevarnos a las cuevas de Hato y luego a una playa privada, trayendonos al barco a las 14.00, hora apropiada debido a que el Blue sale de Curaçao a las 15.30 (tenedlo en cuenta).
Su datos son:
The Scorpion Taxi
Tour & Transfer
Driver: Kenny.
Es muy simpatico, y nos enseñó las palabras en papiamentu que todos siempre quisimos saber, entre otras LOLO, no decirlo muy alto y menos a la guia de las cuevas de Hato ( Susi, la de las cejas pintadas).
En 15 minutos estabamos en las cuevas de Hato, donde compramos las entradas, que no iban incluidas.
La verdad es que sin llegar a ser las cuevas del Drach de Mallorca u otras que hay por el mundo, no estan nada mal.
Se accede a ellas por una escalinata con 47 escalones y tras pasar una verja de hierro que abre Susi, se entra a las cuevas.
Lo tienen muy limpio y bien acondicionado, con luces y un camino ancho y cómodo.








Es importante seguir las indicaciones de Susi de no sacar fotos con flash, porque podemos dejar momentaneamente ciegos a los murcielagos que viven en la cueva y que se golpeen contra las rocas y mueran.
Hay un lago interior y varias estancias iluminadas, donde la guia nos va mostrando formas que se han ido haciendo en las rocas desde hace millones de años. Vemos un pirata, la virgen, el elefante...
La visita dura una media hora y las fotos salen muy bien.















Despues de aqui, Kenny nos llevó a la playa privada de Kontiki.
La entrada vale unos 3 dólares,y tienes a tu disposición hamacas y sombrillas para alquilar.
Es un poco extraño esto de pagar por entrar en la playa, pero parece ser que es la mejor, y la verdad estaba muy limpia y está rodeada de bares, tiendas y palmeras.




No hay que perderse un paseo por la playa y ver los edificios de madera en plena arena.
El agua es limpia, clara y fresquita.
A la hora convenida Kenny nos vino a buscar y nos llevó al barco.
Para quien quiera comprar algo hay una tiendita antes de entrar al barco que no está muy mal, ya que al ser domingo las tiendas de Curaçao están cerradas.
Comimos en el buffet Panorama mientras el barco salía. Gran espectaculo.
Por la tarde al jacuzzi y luego a pasear por el barco, ver todas las instalaciones, como la biblioteca, los restaurantes...

sábado, 9 de julio de 2016

Las más hermosas islas del Caribe (IX): St. Lucia

Saint John's capital de Antigua

Es curioso ver como las capitales de estas pequeñas islas del Caribe son poco más que un par de calles que discurren paralelas a las costa, un calco de arquitectura, colores y formas que parece repetirse hasta el infinito.


No podemos esperar, por tanto, una gran ciudad, ni rascacielos, ni siquiera un centro comercial ( afortunadamente). Muy al contrario, lo que aparece ante nuestros ojos, en mi caso al bajar del crucero que me llevó hasta Antigua, es una mezcla de edificios con regusto colonial, en este caso inglés agrupados en apenas tres vías que nacen en el mismo muelle de cruceros terminado recientemente y van a morir juntas a un escaso kilómetro.


En ellas hay una interminable oferta de tiendas de recuerdos, de restaurantes, de agencias que ofertan tours por la isla, algún que otro banco y sobre todo bares estilo inglés donde acabar el día de playa bebiendo una pinta de cerveza.
No hay mucho más, pero no deja de tener su encanto ni de mostrar al turista su cara más amable y tranquila, sabiendo que el tiempo que pasa no deja de ser eso, un instante que poco importa donde no existe la prisa ni la ansiedad. La capital del paraíso de las 365 playas.


Catedral de la Inmaculada Concepción.



Nada menos que 72 años se necesitaron para levantar la estructura de esta basílica menor que se yergue en medio de la capital de Santa Lucía.
Creando la ilusión de ascender a los cielos, con el colorido del arte popular caribeño ( con murales pintados por el artista de la isla Dunstan St. Omer) y sus impresionantes vidrieras, desde 1899 es un lugar muy especial de oración y adoración.



Hoy en día, la Catedral de Santa Lucía es el centro espiritual de la Iglesia Católica Romana de la Achidiócesis de Castries.
Sólo hace falta caminar por las naves laterales para darse cuenta de que es una iglesia del pueblo, que lleva su esencia, y que tanto su constructor como quienes luego la ornaron provenían de él. Los contrastes de colores - los oscuros y serios que chocan con los verdes, amarillos y azules caribeños - la blancura de los altares y la delicadeza de los arreglos florales, dan mayor belleza a un espacio muy amplio, donde el uso de la madera y las columnas delgadas otorgan un aspecto de lo más airoso a este templo que desde su fundación ostenta el título de mayor catedral del Caribe. Una delicia...











Apenas cuatro plataformas montadas a dos alturas, unos puestecitos de artesanías llevados por locales, un carrito de refrescos bien fríos, y sobre todo una espectacular vista sobre la bahía de Castries conforman el mirador de Government House Road.


Estos son los ingredientes que combinados y agitados por las numerosas curvas que nos llevan hasta él, conforman los encantos de este mirador que surge poco después de dejar atrás la capital de la isla de Santa Lucía.
Si encima hemos llegado, como el 50% de los visitantes en crucero, el paisaje se enriquece y embellece con la postal de nuestro barco en la terminal de cruceros, prácticamente a dos pasos del aeropuerto de la capital, a pie de ola, como el de Maho Beach, pero no tan famoso.

La mirada abarca también gran parte del montañoso interior de la isla que tiene un par de Reservas Naturales, y sobre todo la costa norte, aunque me quedo con la preciosa bahía de Castries.
Este es uno de los numerosos miradores que ofrece una isla de abrupto relieve con carreteras panorámicas que la recorren y vertebran, con una luz muy, muy especial....

Los Pitons
Así se les conoce, aunque uno sea el Gros y el otro el Petit ( Pequeño y Gran Pìco ).



Surgen del mar pegados a la isla de Santa Lucía, en el departamento de Soufriere, donde se levanta el grueso de las instalaciones turísticas con varios hoteles y apartamentos, en una isla por lo demás ocupada principalmente por vegetación y las salpicaduras de algún que otro pueblo.
Los Piton forman parte de la lista de la Unesco, como lo han sido de la simbología y el imaginario popular y turístico desde siempre; recordemos que la cerveza de la isla, que también se llama Piton, los lleva impresos en su etiqueta, y prácticamente todas las imágenes de la isla, así como su escudo ( dos triángulos de tamaños diferentes) tienen alguna relación con los montes.



Llegar hasta ellos no es difícil, aunque sea un viaje poco agradable para los que marean fácilmente, ya que una carretera que es en un 90% curvas, subidas y bajadas, lleva casi hasta su misma base, el pueblo de Soufriere.
Al parecer, escalarlos no es tan fácil como pudiera parecer, y más de uno ha tenido que recurrir a la contratación de guías para poder llegar hasta el mismo pico.
Bajo el agua también ofrecen la belleza que sólo pueden mostrar las rocas volcánicas, cobijo de decenas de especies de peces e incluso corales casi endémicos. El agua transparente del Caribe hace lo demás.
El paisaje es realmente increíble, y ver los dos Pitons, desde el mirador que se encuentra justo antes de llegar al pueblo, es un panorama único, la meta de toda visita a la isla.

Cerca del pueblo de Soufriere, según dejamos, por una secundaria, la carretera panorámica, plagada de curvas y desniveles que más parece una montaña rusa, llegamos a la cascada de Toraille.



Con unos 15 metros de altura no es quizá la cascada más grande que podamos ver, ni de lejos; pero el lugar merece la pena, ya que a lo frondoso del escenario, la frescura del agua ( que no fría, ya que no viene de neveros) y la fuerza con la que cae a modo de refrescante columna, se une el pequeño negocio que han montado en torno a la cascada.
Primero, hay que pagar un par de dólares por acceder a la poza, en una entrada que da paso a un conjunto de construcciones muy coloristas, eso sí, que quieren reproducir la arquitectura tropical de la isla y que albergan unas casetas privadas donde recibir masaje en los hombros y la espalda - no se si dados dados por profesionales- o hacernos una limpieza de cutis con productos naturales de la isla, sacados de los minerales del volcán.


El lugar merece una parada tan sólo por ver la cascada encajada entre las rocas y los árboles, aunque si nos damos un rápido baño, mucho mejor.

Así que nos despedimos de Santa Lucia.