domingo, 28 de junio de 2015

Viena Imperial ( III )

Hoher markt
Había visto imágenes del reloj Anker en varios libros y revistas, pero lo imaginaba en un entorno mas espectacular. Así que me sorprendió encontrarlo en un ladito de la plaza, formando parte de un pasadizo que une un edificio con otro. Me acerqué y no pude dejar de maravillarme ante el colorido y la elegancia del reloj.


Lo curioso es eque fue encargado por la Anker Insurance Company y hecho por Franz Matsch en 1914, pero tiene aires de más antiguo, como si bebiera de las mismas fuentes de los escultores asirios.
Cada hora sale una procesión formada por personajes históricos como el Emperador Marco Aurelio, duque Rodolfo IV o el mismísimo Haydn con una música parecida a la de un órgano.
Aunque en algunas partes parece de mármol, está totalmente hecho de bronce y cobre y es realmente bonito verlo de cerca, colocarse debajo y ver como desfilan los personajes, sobre todo a las 12 que es cuando lo hacen todos.




Esta plaza, en la que antiguamente tenían lugar los mercados de pescado y textiles, así como las ejecuciones, se asienta sobre las ruinas de la antigua guarnición romana que puede visitarse, aunque en el momento de mi visita estaban en restauración.

También, en el centro de la plaza, encontramos la Vermählungsbrunnen o Fuente Nupcial, como la conocen los vieneses. Su origen está en la promesa que hizo el emperador Leopoldo de que si su hijo regresaba con vida de Landau, erigiría una columna de agradecimiento. Se compone de un gran baldaquino rodeado de figuras entre las que destacan la de José y María, los sumos sacerdotes, ángeles y una urnas doradas propias del barroco.
Es un rincón muy recomendable, y si hace sol, podemos sentarnos a admirar los edificios que cierran la plaza casi completamente.

La Judenplatz y su museo judío



En la época medieval, el gueto judío estaba localizado en la actual Judenplatz. Al entrar por una de las callejuelas laterales, lo primero que encontramos es una estatua de Ephraim Lessing que parece antigua pero no lo es, ya que es una reproducción de una anterior. Y es que este insigne critico y dramaturgo defendió los derechos del pueblo judío aún siendo alemán, por lo que los nazis decidieron que era una vergüenza honrar a alguien tan "antipatriótico" como Lessing. En fin, una locura más de las guerras.. El mismo escultor la hizo de nuevo y la colocó en el mismo sitio en 1982.




El cubo que vemos en el centro es el monumento a las víctimas del nazismo, que se inauguró en 1999, aniversario de la Kristal Nacht, o Noche de los Cristales Rotos.
Al fondo encontramos el Museo Judío que nos muestra, sin entrar en dramas ni holocaustos, el nombre de los 65.000 judíos austriacos asesinados por los nazis, varias exposiciones de elementos de la vida cotidiana judía, arte contemporáneo y los restos, tras pasar un pasillo de frío acero, de la antigua sinagoga que se encuentra bajo la plaza.





Todo lo visto nos lleva a pensar en el destino de los judíos, que siempre han sido envidiados por su innata y elevada capacidad para los negocios, acusados de brujerías y rituales, como en 1421, cuando en este mismo sitio casi toda la población judía fue ejecutada, convertida al cristianismo a la fuerza, o expulsada. Afortunadamente, en 1781, un edicto les permitió el libre ejercicio de sus actividades, lo que enriqueció económica y culturalmente a la ciudad de Viena.




Hasta que llegaron los nazis, y a partir de 1938, de los 170.000 judíos que vivían en la ciudad, entre expulsiones, deportaciones y ejecuciones, la cifra fue bajando hasta quedar sólo 7.000.
Evidentemente la economía y la vida cultural cayó a niveles de bajo mínimo, y solo en épocas modernas se consiguió recuperar en parte su esplendor.




Iglesia griega de la Santísima Trinidad
Otra de las joyas de Viena que no aparece en la mayoría de las guías de la ciudad, pero que a mí, como buen callejeador que soy me vienen al paso.


Esta preciosa y extraña iglesia se encuentra perdida en una callejuelas de aire medieval que la esconden de las miradas indiscretas de la gente y de los turistas, menos de mí.

Digo que es extraña porque como podéis ver en las fotos el edificio es muy llamativo,por sus colores y su aire oriental, tan fuera de lugar entre los edificios neoclásicos y barrocos que la rodean y fue construida a finales del s.XVIII, al igual que las sinagogas y otras iglesias ortodoxas y protestantes.


También es extraña porque la entrada es muy pequeña, casi como la puerta de una casa de huéspedes, y al abrir la puerta se presenta un zaguán ancho y largo, ricamente ornado con pilastras y paredes de mármol y techos pintados en estilo bizantino. La mejor parte es esta, porque luego, la iglesia en sí es como cualquier otra, eso sí pletórica de mármoles y dorados, aunque eso sí, con más representaciones pictóricas que en la mayoría.

La historia de la iglesia no está exenta de vicisitudes.


El edificio original fue levantado en una época, la Contra-reforma, en que los Habsburgo seguían siendo rigurosamente católicos, y estaba prohibido construir templos no católicos. Pero a finales del s.XVIII el emperador José II levantó dicha prohibición a través del Edicto de Tolerancia, aunque estableció que las iglesias o templos no católicos que se construyeran tenían que tener fachadas sencillas y no tener apariencia exterior de edificio religioso. Y así se construyeron hasta el s.XIX, cuando se suprimieron estas estrictas normas; fue entonces también, concretamente en 1833, cuando la iglesia ortodoxa griega de la Santa Trinidad fue modernizada.


Pero fue entre 1856 y 1858 cuando el famoso arquitecto de la Ringstraße, Theophil Hansen, diseñó una nueva fachada en estilo historicista así como nuevos interiores, al estilo de las iglesias bizantinas, gracias, entre otras, a las espléndidas donaciones del banquero vienés-griego Georg Simon Sina.

Desde 1963, la iglesia ortodoxa griega alberga además una escuela y biblioteca griegas.

jueves, 25 de junio de 2015

Viena Imperial (I)

Viena, la capital de Austria es una de las ciudades soñadas de Europa, un lugar único en el mundo donde la elegancia comienza en los palacios, calles y cafés, en las barcas que recorren el río Danubio, en cada uno de sus más escondidos rincones....Vamos a descubrirla juntos.
Que la Catedral de San Esteban es el centro y corazón de Viena, nadie lo pone en duda.
Y es que además es evidente. No sólo por su situación, que la hace parecer génesis de la ciudad, de donde parece haber surgido cada ladrillo y cada piedra que vemos, sino que los reyes y emperadores se encargaron de darle más importacia aún, si cabe, regalándole la fama junto con las urnas que contienen sus restos y que están en el Altar Mayor.






Y es que la catedral es antigua, o por lo menos la gran portada de los Gigantes y las torres de los Paganos, del siglo XIII. Lo demás también lo es, pero menos, ya que los añadidos alcanzan hasta el barroco de la sacristía inferior.




Si paseamos a su alrededor vemos varios puntos interesantes, como la subida a la torre que se encuentra en una casita en la parte trasera de la Catedral, o la figura de San Juan de Capistrano, predicando sobre el invasor turco y las escenas de la pasión pintadas sobre las paredes de la trasera catedralicia.






Al entrar, varios puntos llamaron mi atención.
















La Catedral impresiona no tanto la altura como la profundidad de la construcción. Eso si, es el marco perfecto para joyas como el púlpito de Pilgram, de exquisita filigrana, el cristo que se esconde en una pequeña capilla y que según cuenta la leyenda, tiene una barba de pelo humano que aún sigue creciendo, el maravilloso Altar policromado Wiener Neustärted con escenas de la vida de Jesús, el Cristo del Dolor de Muelas, que así se llama un busto de un Ecce Homo con un sufrimiento infinito....






Tampoco podemos olvidarnos de acercar nuestros pasos al órgano y ver, a su lado un autoretrato en piedra del escultor Pilgrim, como saliendo de la pared y antes de dejar atrás el templo, recordar los primeros enterramientos que se realizaron en el lugar y cuyas lápidas forman parte del edificio.
Y salimos para encontrarnos de lleno con el barullo de la Sthephanplatz



Las calles tortuosas y las amplias plazas de esta zona conforman el casco viejo de la ciudad. Tras la segunda Guerra Mundial se realizaron excavaciones que dejaron al descubierto los restos de una guarnición romana de hace más de 2.000 años. En esta zona se muestran todas las etapas desde entonces. Desde los arco románicos de la Rupreschtskirche a la espectacular y moderna Haas House de acero y cristal.
La mayoría de los edificios alberga oficinas, empresas, sedes ministeriales, tabernas y tiendas elegantes.



En una de las calles que van a dar a la plaza encontramos la Pestsäule, erigida tras la peste de 1679, es la más impresionante de las columnas barrocas construidas por este motivo. La forman la figura de una santa contemplando la destrucción de una bruja que simboliza la peste, mientras, a un lado, reza el emperador.








Iglesia de Servitenkirche
Es la típica iglesia que aparece ante nosotros cuando realmente buscamos otro rincón y damos con ella cuando no la teníamos en nuestro programa de visitas. Uno de esos afortunados encuentros.


Es extraño, porque ni aparece siquiera en las guías más exaustivas de Viena. Se encuentra al norte, en el distrito de Alsergrund, muy metida entre callejuelas pequeñas.
Por fuera parece uno de esos templos barrocos, de paredes lisas que esconden un interior recargado y pesado. Pero no, al entrar vemos que el altar y las paredes mantienen cierto aire renacentista que me hicieron respirar de alivio, porque personalmente el barroco me asfixia, con tanta filigrana y oros.


Así que disfruté de la sencillez de los dos pequeños altares que se encuentran a los lados de la entrada, con reliquias y tumbas de piadosos fieles y tras la reja un altar sobrio y estilizado, con la representación de la Proclamación de la Virgen, que da nombre a la orden monástica que cuida el templo y que nos obliga a subir la vista al techo, donde se refugia todo el barroco que se podía permitir el arquitecto y los artistas que lo decoraron. Me sorprendí al saber que fue la única iglesia que quedó intacta tras la invasión turca, ya que estaba, como he dicho antes escondida y lejos del núcleo antiguo de Viena.












Por fuera, a la derecha de la entrada principal, hay un monumento muy curioso.Se encuentra en un agujero en el suelo, cubierto de vidrio bajo el pavimento, en la esquina de la Servitengasse y Grünentorgasse.
Las 462 llaves, con etiquetas de nombres, representan a los habitantes judíos de la Servitengasse, expulsados - un tercio de ellos fueron asesinados - en los años posteriores a la Anschluss, la incorporación de Austria a Alemania .El Schlüssel gegen das Vergessen (" Llaves del recuerdo") fue inaugurado el 08 de abril de 2008.