miércoles, 31 de julio de 2013

Encantadora Bratislava (I)

Una de las cosas buenas que tiene viajar al centro de Europa, es que muchas de las capitales se encuentran a un tiro de piedra unas de otras. Este el caso de Viena y Bratislava a una hora escasa una de otra en autobus. Así que decidimos tomar un día para acercarnos a la capital de Eslovaquia.
Y allí nos plantamos. Rapidamente empezamos la visita.
Lo primero que encontramos fue la Columna de la Peste.




















Es curioso la cantidad de estos conjuntos escultóricos que encontramos en centroeuropa, además pertenecientes todos a un mismo periodo marcado, por supuesto, por el ataque rabioso de la peste en el siglo XVIII.
La primera que ví fue en Budapest, la segunda en Viena, y la tercera en Bratislava, por lo que sospecho que la enfermedad viajó por el Danubio a gran velocidad.







El fin de este tipo de esculturas era la de dar gracias a la Virgen, a la que se encomendaban en los momentos de gran enfermedad, por detener la peste. Normalmente la erigían los monarcas, pero curiosamente con el dinero obtenido por suscripción popular, por aquello de que nos ha salvado a todos...En este caso, el brote fue virulento si tenemos en cuenta el tamaño de la ciudad en aquel entonces, ya que mató a 3.860 personas.
Normalmente el conjunto lo componen un pilar sobre el que se coloca la estatua de la Virgen, escoltada por varios santos, como Carlos Borromeo, que es patrón exclusivo y único de la peste bubónica.No deja de provocar un escalofrío el saber la razón de estas Pestsaule, como la llaman los austriacos, y pensar en cuanta gente murió a causa de las condiciones insalubres de la "avanzada" europa de aquella época....
Un largo paseo nos adentra en la ciudad, se trata de Hviezdoslavovo.




Entrar a Bratislava por el paseo de Hviezdoslavovo, es tomar un aperitivo de lo que nos espera en la ciudad: una ración de historia, otra de escultura, otra de arquitectura, otra de espacios para el disfrute de los ciudadanos, otra de cultura....Empezando por la Columna de la Peste, que nos recuerda el azote de la enfermedad en 1723, continuamos hacia el centro, caminando por el paseo que nos va regalando varias esculturas a las que son tan aficionados los habitantes de la ciudad.





Recuerdos a varios artistas y próceres eslovacos, a personajes heróicos o de novela, nos van saliendo al paso, esculturas grandes y pequeñas, más o menos importantes, rojas, grises o blancas. Todas tienen su sitio en el paseo y el porqué de su lugar.

A los lados del paseo casas viejas y nuevas, con coquetas tiendas o que albergan los consulados y embajadas, como el de Estados Unidos o Rusia, fuentes y pérgolas que en verano deben estar preciosas, llenas de flores y plantas.





Al final del paseo, el teatro Nacional Eslovaco, que sirve de guardián a la entrada del centro histórico de la ciudad.
Para los de siempre, entre los que me incluyo, un Mac Donalds, justo en su frente donde tomar un café e ir al servicio. A partir de aquí comienza la historia de la ciudad...


Al final del Paseo Hviezdoslavovo, a la entrada de la ciudad, encontramos esta preciosa bombonera neorenacentista, donde tienen lugar todas las representaciones de ópera y ballet de la ciudad, a la que son tan aficionados los cultivados eslovacos.





Su hambre cultural se nota en toda la ciudad, y también en el diseño del edificio, que llevaron a cabo los arquitectos vieneses Fellner y Helmer, en el que destacan los bustos de célebres artistas, como Goethe, Shakespeare, Liszt y Mozart.


Justo a sus pies está la fuente llamada “Ganymedova fontána“. La fuente muestra a Ganímedes transportado por un águila viajando al Olimpo, para servir al dios Zeus. Como premio Ganímedes obtiene la eterna juventud, que hasta la fecha se nota en su cara alegre de niño.




Y seguimos andando.





A continuación nos recibe el Ayuntamiento y el Palacio del Primado.
El complejo de varios edificios de diferentes estilos y periodos, es sede del gobierno de la ciudad. El nucleo del ayuntamiento fue construido en la primera mitad del siglo XV y desde 1868 es la sede del Museo de la Ciudad con una interesante exposición sobre la justicia feudal del Medioevo. Delante del edificio se encuentra un pozo que procuraba agua a los habitantes del centro de la ciudad.


A un lado de la plaza se encuentra el Palacio del Primado que fue erigido en base a la arquitectura clásica y que fue la antigua residencia del arzobispo de Estrergom, con su famosa colección de tapices y el Salón de los Espejos. También fue sede de la firma del tratado de paz entre Francia y Austria en 1805.

















Las estatuas alegóricas situadas a lo largo de la línea del techo pretenden representar las cualidades humanas del cardenal y sus logros. El edificio está adornado en su cumbre por un modelo de su sombrero, hecho en hierro y de 150 kg de peso.