viernes, 26 de abril de 2013

Gran Canaria Natural Blog Trip

Los amigos de Arawak Canarias y Gran Canaria Natural, nos regalaron una preciosa jornada en contacto vivo y directo con la naturaleza en pleno corazón de Gran Canaria, concretamente en Firgas.
Citados en la capital de la isla, un autobús nos llevó hasta el centro de Firgas y antes de empezar la jornada senderista tuvimos la oportunidad de conocer el Molino del Conde.



El Molino de Firgas o del Conde, es un molino de gofio, alimento tradicional canario desde la época aborigen, que funciona gracias a la fuerza del agua.
Es el más antiguo de las islas Canarias todavía en uso: su construcción data del año 1517 y aún sigue moliendo gofio. Se encuentra situado en el centro de la villa, junto a un parque y sobre la acequia de la Heredad de aguas de Arucas y Firgas.





En el siglo XVI, Firgas era un pequeño asentamiento que crecía al amparo de un ingenio de azúcar. La incipiente población necesitaba un molino para disponer de harina, más exactamente: gofio (el alimento básico en la dieta campesina en Canarias). Por eso, el Condado de la Vega Grande promovió la obra de construcción de este molino hidráulico. Para mover sus ruedas, usaba el agua de la Heredad de Firgas y Arucas.



Durante siglos, varias generaciones de molineros han tenido la explotación de esta obra hidráulica. Sin embargo, en los años noventa del siglo XX, el conjunto (edificio del molino, vivienda del molinero) se encontraba en ruinas: entre 1959 y 1994 permaneció cerrado y abandonado. El Ayuntamiento de la Villa de Firgas lo adquirió ese año. Lo restauró y hoy, cinco siglos después de su construcción, funciona perfectamente. La vivienda del molinero sirve como sede a la Oficina de Información Turística; el molino sigue activo y recibe visitantes que desean conocer el proceso de elaboración del gofio.



Desgraciadamente en el momento de la visita el molino estaba cerrado, así que tendré que volver para visitar el interesante corazón del molino.
Después de haber abierto boca nos dirigimos ya a disfrutar de la Naturaleza.
Nuestro guía Juan Manuel, gran conocedor de éste y otros muchos terrenos, nos dio una clase continua de geología, zoología y botánica, dejándonos en más de una ocasión con la boca abierta y la vista regalada, según nos iba descubriendo los secretos del barranco de Azuaje.



En esta jornada, nos iremos al corazón de lo que fue la llamada Selva de Doramas, según cuentan las crónicas, una extensión arbolada que cubría el norte-noroeste de la isla de Gran Canaria, un bosque de Laurisilva, que fue aniquilado, por ser el soporte energético del avance de nuestras islas. La madera de sus árboles se utilizó como carburante para los ingenios azucareros, como materia prima para la reparación de los barcos primero, y como carburante después para cruzar el Atlántico, y por supuesto, la causa más relevante de esa desaparición se debió a que fue el lugar de asentamiento de la población, por poseer los mayores recursos de agua y las mejores tierras para el cultivo que aún hoy son de las más fértiles de la isla.





Para llegar al comienzo de la ruta, nos acerca una guagua( autobús) hasta el borde mismo del barranco, desde donde parte un camino que pasa junto a varias casas abandonadas y en ruinas, para poco a poco irse internando en la grieta del barranco.




Una vez llegamos a la zona más húmeda empezamos a a ver las primeras muestras de la flora característica del mismo, como la vinagrera, la salvia, el guaydil, varias especies de tajinaste, cardones, tabaiba amarga, bejeque, zonas salpicadas de palmera canaria y sauce, e infinidad de otras especies en las que es rico el espacio natural, sobresaliendo entre todas el bicácaro una especie de campanilla considerada por muchos botánicos como la flor de las Islas Canarias, por su belleza y porque sólo se encuentra en las Afortunadas o la rejalgadera, una planta única en el mundo ya que sólo la encontramos en el barranco de Azuaje.



























Una vez llegados al fondo del tramo que nos ocupa, encontramos una sorpresa de lo más grata.
En una curva del camino aparece uno de los pioneros del turismo de bienestar y salud en Canarias, el Balneario de Azuaje, que durante años fue de los primero en traer a las Islas a nacionales y foráneos que buscaban en la reconocida calidad y poder curativo de sus aguas restablecerse de sus dolencias en el clima más bondadoso de Europa.
Data del año 1882 y fue la llegada de la Guerra Civil y el cataclismo económico que trajo consigo, el causante de su abandono y olvido. Una auténtica pena, porque el edificio bien valdría la reconstrucción que según el Gobierno de Canarias se aprobó en 2003 pero que parece no empezar nunca.















Hacemos aquí una parada para respirar el vivificante aire del barranco y prepararnos para una subida del barranco que promete estar llena de sorpresas y rincones especiales.
Una vez que hemos abandonado la zona del balneario de Azuaje, emprendemos, sin prisas, la subida del barranco. Tengo que recalcar, que gracias a la pericia y los consejos de Juan Manuel de Arawak, en ningún momento corremos peligro, aunque se trata de una ruta sencilla y que no entraña dificultad,pero necesita de un guía ya que las condiciones metereológicas como la lluvia o el viento pueden alterar los senderos de un día a otro.

Así que el ascenso, suave al principio, pero más empinado a medida que subimos, nos va enseñando multitud de pozas, pequeñas cascadas y manantiales que hacen que el Barranco de Azuaje, más que tal, merezca el nombre de río, ya que el caudal de agua es constante durante todo el año.



En cuanto a la flora acuática, totalmente diferente a la que encontramos en la bajada, hay destacar el reciente descubrimiento de más de una treintena de nuevas especies de algas de agua dulce en los charcos por los que vamos pasando, descubrimiento del que aún se tienen escasa noticias, pero que es una muestra más de la diversidad biológica de esta Reserva Natural Especial.




























Hay un par de tramos que pudiendo parecer un poco difíciles no lo son, ya que las paredes se pueden pasar fácilmente con ayuda de las cuerdas colocadas para ello por los caminantes que han precedido nuestros pasos.
Varios signos de presencia humana rompen el encanto casi virgen de este segmento del barranco, aunque afortunadamente no son muchos, o son para bien del mismo, como la siembra de peralillos que hizo http://www.grancanariawalkingfestival.es/para contrarrestar el impacto que tuvo el paso de los participantes por el área y que podemos ver en una de las fotos.






Seguimos subiendo, el barranco cambiando su nombre y en la última parte encontramos la zona del Barranco de Guadalupe, ascendiendo hacia las Casas de Matos y desde aquí al barrio de Las Canales, donde nuestra senda trascurre por un camino de cemento que nos lleva de nuevo hasta el caserío de Firgas, donde nuestro guÍa nos lleva a saciar nuestra curiosidad sobre el cultivo de los berros en estanques y un antiguo lavadero que aún ve pasar el agua por el canal.


















Aunque no soy asiduo senderista, si que he hecho varias rutas de gran interés, y puedo decir que de todas ellas, la del Barranco de Azuaje es una de las más variadas, coloridas y cómodas.
Sin duda una jornada que encantará a caminantes de todas las edades, que nos acercará más a la naturaleza y que nos dará a conocer un rincón de la isla de Gran Canaria que pocos conocen.

Y de aquí nos vamos a la Villa de Teror, y entramos por su calle principal, la Real.
Más que camino, más que calle, parece una avenida, flanqueada por balcones que han visto y han dejado ver la vida social, comercial, política, religiosa y cultural del municipio desde hace 5 siglos.



Los grandes y antiguos caserones resultan familiares a todos los grancanarios y foráneos que vienen a rendir culto a la Patrona de la Provincia como si fueran los brazos de la propia villa que les acoge.
Porque si algo caracteriza a Teror es que desde hace más de 500 años ha sabido recibir a todos los que han visitado el municipio, como cada año, cuando la calle se convierte en el escenario principal de la Fiesta del Pino y de su Romería-Ofrenda, además de otras fiestas importantes de la villa.





Aparte de ese carácter festivo,la Real es una calle de gran tradición comercial, sobre todo en su parte inicial y media donde se mantienen algunas de las tiendas mas antiguas del municipio.
Su importancia fue tal, que durante varios siglos y hasta mediados del XX, muchísimos artículos de última moda venían directamente a los comercios de esta calle desde Las Palmas sin pasar siquiera antes por la capital.
Los edificios que ahora nos observan, albergaron en dos hoteles " El Pino" e "Inglés" a los más ilustres visitantes que quisieron hacer noche o disfrutar de una estancia más larga en la Villa Mariana.











Estos mismos edificios, son un museo arquitectónico al aire libre, ya que aunque no siguen una pauta temporal, podemos ver, aquí y allá, muestras de absolutamente todos los periodos de la arquitectura canaria, desde la Casa de los Patronos, del siglo XVII, perteneciente a la familia Manrique de Lara y sitio donde se custodiaban los tesoros de la Virgen del Pino, a las más modernas casas familiares del inicio de la calle, pertenecientes al siglo XX.
La Real es, sin duda, antesala majestuosa a la Virgen del Pino, catálogo de arquitectura y comercio de la Villa de Teror, pero sobre todo esos brazos que parecen darnos la bienvenida y mantenernos al abrigo y el cuidado de la Virgen.


























Y llegamos a la Basílica de la Virgen del Pino.

Porque fue en lo alto de un pino, hoy desaparecido, donde en 1481 se apareció la Virgen que luego tomaría su nombre. Por esa época aún estaba a medias la conquista de las Islas, y la zona pertenecía a una región casi inexplorada llamada la Selva de Doramas. Era tal su frondosidad que a su sombra hallaron cobijo tres grandes dragos y un manantial que según se dice llevaba un agua muy milagrosa.







Desgraciadamente un vendaval derribó el árbol santo, aunque aún, como un tesoro de gran valor, se halla en el camarín de la Virgen la Cruz Verde, tallada en su madera.
Así que viendo la multitud de peregrinos que acudían a beber de las milagrosas aguas y visitar el sitio de la aparición, decidieron primero cercar el pino y luego, edificar una capilla para adorar a la Virgen.
Pero rápidamente se quedó pequeña y se tuvo que construir un edificio de gran envergadura que fue finalizado en el siglo XVII.





Para mí, al igual que para muchos otros admiradores de la arquitectura canaria, este templo es uno de los más claros exponentes del elegante estilo de los canteros de las islas, sobre todo por la perfecta combinación de la cantería azul de la fachada con la arenisca amarilla de los laterales y la torre y la curiosidad de diez sonrientes gárgolas tan al gusto de la época.








Ya dentro, innumerables joyas de la escultura religiosa barroca desfilan ante nuestros ojos, empezando por la preciosa Virgen del Pino, que preside la basílica desde su camarín, o tallas de tanto valor como el Cristo de la Columna de Luján Pérez; miremos también las coloridas vidrieras de principios del siglo XX.






Antes de salir observemos una curiosidad: a la derecha de la puerta principal está el acceso a la torre exterior, la de piedra amarilla y al tiempo al órgano que vigila desde arriba la fe de los congregados. Solo se adivina la escalera de subida a través de unas pequeñas ventanas interiores....















La Virgen, que tantas veces fue convocada a Las Palmas para paliar las sequías y las enfermedades a lo largo de los siglos, descansa en uno de los más bonitos templos de Canarias, a la espera de que sus peregrinos vengan a adorarla y presentarle sus respetos.

 Teror tiene un corazón tan santo que hasta las piñas que daba el pino donde se apareció la virgen eran engastadas en oro y plata para librar de todo mal a sus portadores.
No hay duda de que la base y casi razón de ser de la Villa es su entidad religiosa y social que ha quedado impregnada en sus calles, casas, plazas y monumentos.





Sus orígenes se remontan al s.XV, aunque las edicicaciones más antiguas que se conservan pertenecen al s. XVII y su época de esplendor fue principalmente el s.XVIII.
El Centro Histórico se divide en el Barrio de Abajo, donde están situados los monumentos más importantes, y el Barrio de Arriba, situado en la montaña.






Partiendo de la puerta de la Basílica, rodeamos ésta mientras vamos viendo muestras de la cuidada arquitectura de la Villa.
Como por ejemplo el Palacio Episcopal, que fue un regalo del pueblo de Teror a los obispos Morán y Delgado en agradecimiento a la construcción del Templo de Ntra. Sra. del Pino, aprovechando los materiales sobrantes de la fábrica de la Basílica.





Desde su restauración en 1982, una parte del edificio acoge la Casa de la Cultura con Salas de Exposiciones y Salón de Actos, y la parte más antigua es utilizada por la parroquia para actividades religiosas.
Demos la vuelta y veamos cómo han sido entrelazadas las ramas de los árboles de la plaza para formar un arco. Me encantaría estar en verano, cuando esté en pleno esplendor la cúpula verde....














Pero tenemos que seguir, y nuestros pasos nos llevan a la Plaza Teresa de Bolívar, que es una de las huellas artísticas que dejó en Teror el polifacético Néstor Álamo y el artista canario Santiago Santana. Esta pequeña pero acogedora Plaza fue configurada en 1958 como un desahogo a la Plaza del Pino, ante la gran afluencia de peregrinos y visitantes, principalmente en las fechas de la festividad. Su nombre lo recibe de la mujer de Simón Bolívar, bisnieta de Bernardo Rodríguez del Toro, insigne personaje nacido en Teror en el s.XVII.




En la Plaza destacan sus dos fuentes, una adosada a la pared con un pino labrado en piedra sobre el que se sitúa el escudo de la familia Rodríguez del Toro y otra en forma de pilar de gran valor artístico construida en piedra amarilla de Teror. Sus dos bancos de cantería nos invitaban a disfrutar del entorno y del solecito que en ese momento invadía el espacio.





Pero el tiempo pasaba muy rápido, como cada vez que uno se deleita con los nuevos descubrimientos, así que continuamos extasiándonos ante las cuidadas casas y calles, llenas de flores y colores que llaman nuestra atención.
Pasamos por rincones rehabilitados como la Escalinata de la Cruz de los Caídos y el Ayuntamiento, para volver a nuestro punto de partida, la Plaza del Pino, testigo de centenares de celebraciones, algunas religiosas y otras paganas. Poco a poco nos vamos alejando, sabiendo que hay que volver, que aún queda mucho que descubrir en la Villa de Teror.



















Y llegó el momento de conocer el lugar donde había de pasar la noche. Mas que un hotel rural, un hogar en el campo.
Porque así nos sentimos nada más cruzar el precioso portón de entrada de Las Calas, como en casa.





Y es la intención de su propietaria, Magüi Carratalá, que en todo momento tengamos esa sensación de confort, de bienestar, de sentirnos arropados y cuidados en un hotel que por unos días se convierte en nuestro segundo hogar.
Para ello cuida de cada pequeño detalle no sólo en la decoración, para la que tiene un gusto exquisito ( sencillo, sin abigarramientos, pero elegante y acogedor), sino también en la atención, cercana pero con cortesía como corresponde a una autentica dama de educación envidiable.





Horas pasaríamos charlando con Magüi sobre viajes, senderismo, libros o de mil y un temas en el acogedor y luminoso salón, cubiertos por las cálidas mantas para paliar el fresco de las noches de la Vega de San Mateo. Forma parte de su manera de ser, su amabilidad y su capacidad para hacer sentir a sus huéspedes cómodos y bien acogidos.
Y eso lo transmite al hotel, como si fuera una parte indivisible se sí misma, como si Magüi fuera la sangre que circula por cada una de las estancias del edificio, dándole vida y haciéndolo latir.













Calidez en los colores que ha elegido para dar una nueva vida a una casa solariega que se había perdido en la historia, toques árabes en las celosías de las habitaciones, recuerdos de decenas de hogares y fogones en la maravillosa colección de porcelana y cristal de la que nos permite disfrutar en el pequeño pero acogedor comedor, donde todos los huéspedes comparten mesa, para intercambiar experiencias, vivencias y sensaciones. Espacio en el que los sentidos se deleitan con la maravillosa cocina, suculenta y sabrosa, casera y de sabores sencillos pero apetitosos, que con tanto cariño prepara el pequeño pero muy eficiente equipo del hotel.



















Las habitaciones son de lo más acogedor. Camas mullidas que invitan a aprovechar el silencio y el sosiego del hotel y su entorno, rodeadas de preciosas piezas de cerámica y paredes de piedra vista, con detalles morunos como una mesa hecha con una bandeja labrada.









El baño, impecable e íntimo, combina los toques modernos con una esencia clásica, que es el alma de la casa.









Precioso jardín con níveas calas ( la planta que da nombre al hotel), orquídeas de delicada forma, tulipanes y un mandarino de jugosas y fragantes frutas que al caer la tarde despiden su aroma por todo el recinto.





















Mención aparte merece el pasillo cubierto donde se sirve el más que suculento desayuno y que permite disfrutar de la luz y el calor de la mañana, y sobre todo del apetitoso pan de San Mateo untado de rica mantequilla y mermelada, unos rosquetes llenos de sabor o el delicioso jugo de naranjas de propia cosecha.
La galería del piso superior es un mundo aparte. Es aquí donde apetece pasar los atardeceres, disfrutando de un libro, de una buena conversación o simplemente viendo pasar la luz a través de los cristales y visillos, imaginando el pasado de la casa, cuando la habitaban en verano sus propietarios...¿ Sentirían lo mismo?
















Lo que seguro no sintieron fue el placer de bañarse en la estupenda piscina que ocupa parte del jardín para luego sentarse en el cenador a ver pasar la tarde al calor del sol del verano.







Un espacio acristalado que habitualmente sirve como salón de juegos puede perfectamente convertirse en un magnífico lugar para celebrar una boda íntima con la ventaja de poder disfrutar del jardín y de la estancia en el hotel.



Viendo las fotos, y recordando los agradables momentos pasados en Las Calas, sólo queda pensar en la próxima vez que gozaremos de otra estancia en el hotel y de la simpatía y amabilidad de su alma, Magüi.






Y tras despedirnos de Las Calas, y tras un corto trayecto en coche, llegamos al Mercado de San Mateo.




Ya casi no se encuentran mercados como éste. Son los mercados que yo llamo " de los sentidos", donde nada más entrar disfrutas de los aromas de flores y plantas, de los colores de las frutas y verduras, de las conversaciones de la gente, de tocar esto y lo otro, de saborear un pedazo de sabroso queso y un vaso de buen vino para acompañar.






La riquísima Vega de San Mateo es en sí misma un vergel. El bondadoso clima, húmedo pero soleado, la abundancia de aguas, la rica tierra, roja y oscura, y por supuesto el buen hacer de agricultores y ganaderos, nutre este mercado que atrae incluso a excursiones organizadas desde los puntos turísticos de la isla.





Tal es la fama, que el pueblo triplica el número de habitantes los días de mercado y alrededor de él se despliega una enorme cantidad de comercios secundarios que sin ofrecer esos productos del campo, complementan la demanda, como son la artesanía de cestos, el calzado, el trabajo en madera....


Aconsejo que mínimo se dedique una hora a disfrutar del estupendo mercado, y comprar mucho y de todo, ya que los precios no tienen competencia y viene todo de la tierra a nuestras manos.

Para completar, un paseito por el pueblo, muy tranquilo, limpio y cuidado. Tomar un café o comer en uno de sus restaurantes también es buena elección, y sobre todo disfrutar del clima rural de San Mateo, uno de los mejores de Canarias.










Por el camino, antes de llegar a nuestro siguiente destino, tuvimos la posibilidad de hacer una rápida visita al Parador de la Cruz de Tejeda.
Pocas obras de arte han acompañado mi vida en todo momento como la que emanó de los pinceles de Néstor Fernández de la Torre. El " Poema del Atlántico" me hizo soñar desde pequeño con los seres que lo pueblan, los grandes peces, las figuras flotantes, los colores cálidos y embrujadores....
En mi visita a Gran Canaria me topé de frente con su obra arquitectónica, y también me cautivó. Aunque del original parador que diseñó junto a su hermano Miguel, poco queda ya, mantiene en muchos detalles su esencia, ese estilo " neocanario" que quiso y pudo reflejar en sus edificaciones, como el maravilloso Pueblo Canario, y los detalles que adornan algunos rincones de establecimiento, como las lámparas del gran salón.








Lo curioso es que siendo un artista poco afecto al régimen, el Parador de la Cruz de Tejeda fue edificado en 1937 como albergue, e inaugurado por uno de los hombres de confianza del Generalísimo,
Carrero Blanco, ccosa que le habrá hecho poca gracia al artista, sobre todo sabiendo la persecución de la que eran objeto los homosexuales en esa época.
De cualquier manera la genialidad de la edificación supera cualquier escollo político o moral y no se ha modificado
sustancialmente, por lo menos el exterior desde entonces. Como advertimos desde que llegamos a su entrada el lugar y el Parador toman su nombre de la enorme cruz de piedra plantada en el lugar, desde antiguo, señalando el centro de la isla.







Por fuera, no difiere mucho de cualquier casona antigua de las miles que se desperdigan por cualquiera de las Islas Canarias, mientras que el interior es un pequeño palacio que resume la genialidad de los hermanos.



Aunque repito, poco queda de lo que se gestó en la mente de los Fernández de la Torre, ni siquiera los frescos que adornan el salón son originales. La diversas remodelaciones han ido cambiando casi totalmente la fisonomía del lugar.
Sin duda, me quedo con un rincón realmente hermoso y original, el SPA.
En sus 275 m2, incluye una maravillosa piscina interior/ exterior climatizada, encantadoramente decorada que permite, en los días claros, disfrutar de la naturaleza y de las envidiables vistas del Roque Nublo y de su hermano, el Teide.









Múltiples tratamientos pueden contratarse en el establecimiento, desde envolvimientos en Aloé Vera, el uso de las energéticas piedras volcánicas, frías y calientes, hasta el fabuloso Aromasoul, con aceites esenciales relajantes y estimulantes.
Un lugar único, donde todavía vive el espíritu inmortal de Nestor....

Y pasamos a otra zona de la Isla, tierra de almendras y buena miel, pero con una peculiaridad en alojamientos rurales..








La jovencísima y encantadora gerente de Artenatur, Miriam Rodriguez, nos introdujo en el fascinante mundo de las casas cueva de Artenara, municipio que contiene gran parte de la importantísima Reserva de la Biosfera de la Isla de Gran Canaria.





No conocía esta empresa que agrupa no sólo las nombradas casas cueva, sino también varios productores de vinos ( tinto y de licor), miel mil flores y otros frutos de una Naturaleza que decidió ser muy generosa con esta tierra de la cumbre grancanaria.
Así que invitados por Gran Canaria Natural ( http://www.grancanariafincas.com/), fuimos descubriendo las originales propuestas que Miriam amablemente nos mostró.
Primero visitamos la pequeña "Casa de Mamá Nieves", que parecía sacada de un cuento. Detalles que hacían recordar las casas de nuestros abuelos, como el piano, la colcha de ganchillo, las chácaras colgadas de la pared, las cortinillas y las alacenas de la cocina....Un conjunto entrañable que inevitablemente hacen sentir al visitante o al huésped como en casa, con unas vistas inolvidables del Nublo y del Bentayga.
















Como digo en muchas ocasiones, hay rinconcitos, que no rincones que pasan inadvertidos cuando visitamos un lugar.
Este es el caso de este mirador que se encuentra en un recodo del casco de Artenara.
Su origen es muy sencillo, pero al mismo tiempo muy literario, ya que tiene como protagonista al insigne escritor e intelectual Miguel de Unamuno.



Cuando visito Gran Canaria, allá por 1910, quedó absolutamente maravillado por el paisaje que tuvo ante sus ojos, llegando a describirlo como una " tempestad petrificada", tal era la violencia geológica que forma la visión del Roque Bentayga y del Nublo emergiendo entre barrancos y cimas.


No pudo menos que alabar este rincón grancanario en su obra " Por tierras de Portugal y de España". Y es que el lugar es impactante, y podría decirse que el propio Unamuno se quedó no de piedra, pero sí de metal, al ver la escultura de tamaño natural que se le dedicó en 1999, así como la Ruta de Unamuno, que recorre preciosos rincones de los municipios de Teror, Moya, Valleseco, Tejeda y Artenara.
Un paisaje de 14 millones de años que apenas ha cambiado desde que lo disfrutaron los ojos de don Miguel.
Luego fuimos a lo que fue la casa familiar de la propia Miriam, "El Caidero", Primer Premio de Turismo Rural y que tiene un encanto muy especial.
Empezando por la entrada, típica canaria y localizada frente a una roca que se pintó siguiendo el modelo de la espiral aborigen y que llama la atención desde lejos, que se complementa con una bodega en una cueva adyacente en la que madura el mosto de la sabrosa uva de Artenara hasta convertirse en delicioso vino que incluso ha llamado la atención a los siempre curiosos chinos.¡Suerte en la aventura Miriam!















Entremos en la casa para ver la perfecta ubicación de cada pieza, con las grandes y antiguas camas, de adornados cabezales, el enorme sofá esquinero y detalles como una antigua balanza o la estupenda chimenea de la cocina.
En la enorme terraza una piscina que invita a refrescarse en los días de calor de la cumbre, cuando el sofoco es insoportable y solo se alivia en el agua o en el interior de la casas cueva, donde la temperatura se mantiene constante todo el año.











Gracias a Artenatur descubrimos un nuevo mundo en cuanto a alojamiento y hospitalidad en Gran Canaria, algo desconocido hasta entonces pero que sin duda hay que probar. Lo bueno es que el que prueba, seguro que repite.....

Pero antes de dejar Artenara teníamos una visita pendiente.
Hay miles, quizá millones de iglesias, ermitas, capillas y altares que alaban y dan cobijo a otras tantas imágenes de la Virgen María alrededor del mundo, pero ¿cuantas hay que realmente cautiven por la sencillez, la inocencia y el fervor de quienes las levantaron?
La Ermita de la Virgen de la Cuevita, en Artenara , rapidamente llama nuestra atención. Primero, porque al no tener conocimiento previo de tan especial enclave, al decirnos que íbamos a visitar a la Virgen de los Ciclistas y del Folclore, por mucho que mirábamos no podíamos encontrar la ermita.




Hasta que topamos con ella en la misma pared de la montaña.
Cuenta la tradición que varios frailes franciscanos de las expediciones de mallorquines y catalanes, se adentraron por las abruptas barrancadas del lado occidental de Gran Canaria en misión apostólica, llegando a las cumbres con una pequeña imagen de la Virgen María a la que, con auxilio de algunos indígenas catequizados, labraron, cara a los precipicios, una reducida casa de oración donde colocaron a la Señora. Apenas cabían 11 personas. Más tarde, la gran devoción que generó la imagen obligó a su ampliación y mejora, hasta quedar tal y como la vemos hoy.
Al traspasar la pequeña puerta, que sin embargo deja pasar un gran chorro de luz, contemplamos el sorprendente interior, que tiene labrados en roca el coro, el altar, el púlpito y el confesionario.






Nos acercamos para ver el pétreo mobiliario, como no queriendo creer que algo tan sencillo pueda ser tan hermoso. El contraste del colorido de las imágenes y la roca viva es muy grande, y hace que inmediatamente centremos la vista en la pequeña figura de la Virgen, de apenas 80 centímetros de alto y en el crucifijo que la acompaña en la ermita.
A un lado, antes de salir, vemos enmarcada la dedicatoria de dos grandes ciclistas españoles que también rinden devoción a su Patrona, Miguel Indurain y Perico Delgado.





Un precioso rincón que no podemos dejar de visitar cuando estemos en Artenara.

Y antes de dejar la mable companía de Miriam, una visita rápida.
Como en la mayoría de las localidades de canarias, las primeras edificaciones religiosas se levantaron rápidamente y sin deseo de perdurar. La prisa hizo que muchas de las primeras iglesias, aparte de quedar rapidamente empequeñecidas por la velocidad con la que se produjo la cristianización y la colonización de la tierra canaria, fueran torpemente levantadas y con material de poca calidad. Esto hizo que la casi totalidad de ellas tuvieran que levantarse de nuevo varias veces, como la Iglesia de San Matías en Artenara. La actual iglesia data del S.XIX, donde destacan sus dos torres construidas en piedra roja de Tamadaba y con una hermosa pintura mural, obra del artista teldense José Arencibia Gil, que ocupa todo el frente, tras el altar y que tiene una curiosa historia.







Al parecer, el artista eligió a los modelos para el cuadro entre los habitantes del pueblo, así entre ellos se encuentra por ejemplo el padre de nuestra amiga Miriam de Artenatur, convertido en un rubio angelito.
Si se mira hacia el techo, se descubrirá un hermoso ejemplo de artesonado de madera, de clara influencia mudéjar de la preciosa tea canaria.





En el templo se guardan las andas de plata y el tesoro de la Virgen de la Ermita, que la engalanan cada año en sus fiestas patronales, así como otras imágenes que acostumbran a procesionar en la Semana Santa.

Nuestro siguiente destino era un tesoro de secretos..La Fonda de la Tea.
Esta antigua fonda del siglo XIX está situada en pleno casco antíguo de Tejeda, frente a la Iglesia del Socorro, con excelentes vistas a la cuenca de Tejeda, el Roque Nublo y el de Bentayga.





Cuando nos aproximamos a la entrada pensamos que el hotel no debe ser muy grande, apenas un par de pisos; pero he aquí la primera sorpresa, ya que vamos subiendo la cabeza y vemos que como una enredadera van subiendo los pisos y rápidamente imaginamos la vista que se debe disfrutar desde arriba y eso nos hace apresurarnos a entrar.
Segunda sorpresa: la exquisita decoración de la recepción y el salón de entrada con piezas recuperadas de la misma casa y reutilizadas de manera inteligente y con gran gusto, como por ejemplo una puerta ahora reconvertida en una preciosa mesa.





Tercera sorpresa: la propietaria, Fina Suárez, aparte de ser la restauradora, conservadora y alma de todo lo que nos rodeaba, también es una persona de una cultura exquisita, conocedora de mil historias ( no en vano es Licenciada en Geografía e Historia y Cronista Oficial de Tejeda) que podríamos escuchar sentados en el maravilloso salón hasta altas horas de la madrugada.
Y ella nos acompaña en el recorrido por un establecimiento que sólo depara agradables rincones, llenos de ideas que parecen sacadas de la imaginación de los mejores diseñadores de interiores de la actualidad; zonas comunes amplias y luminosas, que combinan muebles, vigas y techos del pasado con las comodidades más vanguardistas que no esperaba encontrar aquí, como una sala de reuniones llena de luz, con pantalla táctil, y todos los adelantos que pueda necesitar cualquier incentivo empresarial o privado, o las magníficas habitaciones con vistas a la Cuenca de Tejeda, climatizadas y con acceso al imprescindible Internet, decoradas con el mismo gusto exquisito y los colores cálidos y relajantes que muestra el resto del hotel.





Una penúltima sorpresa, ya que la última nunca la voy a revelar, en las zonas comunes y en las habitaciones se encuentran unos pequeños tesoros que atrajeron irremediablemente mi curiosidad. Se trata de preciosos óleos sobre madera de tea, también fruto de la labor de reciclado de la ingeniosa Fina, y magistralmente pintados por Juan José Domínguez y que reflejan paisajes de la Isla de Gran Canaria y bodegones con un pintura llena de brillo y colorido, contribuyendo a darle un toque único a la decoración de todas las estancias.







Los patios rehabilitados, una terraza con una panorámica única, los muebles antiguos, la tranquilidad del lugar, la comodidad de las habitaciones y sobre todo la simpatía y el infinito saber de Fina Suárez sumados al encanto de Tejeda, hacen de la Fonda de la Tea un lugar único en toda Canarias.
Un edificio arreglado y conservado con mimo y amor, un trato al visitante exquisito y diferente.....
¿Que más se puede pedir? ¡Ah, si! El ultimo secreto.....Pero ése solo se puede saber durmiendo en la Fonda de la Tea.....

Un paseo nos lleva a conocer el pequeño pero completísimo Museo de las Tradiciones de Tejeda.



El Museo de las Tradiciones de Tejeda está situado en uno de los edificios más emblemáticos de la villa.
Renovado en preciosa piedra de cantería, conserva los elementos estructurales y decorativos de una casa tradicional canaria. El resultado es un lugar ideal, elegido por los tejedenses para exhibir su historia y modo de vida.
Empezando por la entrada, donde nos espera un estupenda y muy curiosa recreación de una tienda de "aceite y vinagre", que así se llamaba a las pequeñas "ventas" donde el aceite se despachaba en un sitio y el vinagre en la cantina, donde bebían los hombres.






Pero también ofertaba otros artículos, desde comestibles, tejidos, material escolar y calderos, hasta productos de limpieza, bebidas y piezas de ferretería.
En los caseríos aislados, este tipo de establecimientos era fundamental, porque aunque a lo largo de la historia canaria, nuestra economía rural estaba basada prácticamente en el autoabastecimiento y en el intercambio de bienes, pero evidentemente habían cosas que era necesario comprar, y esas tiendas eran las únicas que podían ofrecerlas.














Pero el museo sigue, y a través de las diferentes secciones podemos aprender más sobre la prehistoria, la conquista y las ocupaciones tradicionales en el campo, haciendo especial hincapié en la extraordinaria calidad de los productos agrícolas de la zona, como la miel o el vino.
Escenas de la vida cotidiana reflejadas en grandes murales explicativos, muebles, dioramas y una casa estupendamente restaurada y conservada, hacen que la visita a este pequeño pero completísimo museo se convierta en una experiencia a repetir. Por mi parte doy la enhorabuena a la iniciativa y le auguro muchos y muy buenos años de divulgación de la historia de Tejeda, una historia realmente interesante y educativa.




Tejeda es el paraíso para cualquier amante del campo, de la naturaleza, de las caminatas y el senderismo de cumbre y de barranco, para quien gusta de la buena cocina y del buen vino y para quien disfruta de la buena repostería, de la rica almendra y de la dulce miel de mil flores o la exquisita mermelada de ciruelas.










Tejeda es tradición, guardiana de las raíces más antiguas de Gran Canaria, de sus costumbres más emblemáticas y queridas, origen de muchos sabores y recuerdos que incluso cruzaron el Charco y llegaron a América.

Un paseo por Tejeda nos muestra un lugar donde parece que el tiempo se detuvo, que no quiso que el pueblo dejara de serlo y se convirtiera en ciudad, que perdiera su vida, su belleza...
Pero sabe que tampoco debe dejarse morir, y por eso se aúpa al carro del progreso y añade a su diario vivir todo aquello que considera necesario para correr con los tiempos, y por eso sabe de internets y de marketings, de turismo sostenible y casas rurales, de medicinas alternativas y astronomías...
Tejeda sabe de todo eso y más. Un fin de semana no es suficiente para disfrutar todo lo que ofrece, ni una semana.....a lo mejor ni siquiera toda una vida.














Agradecimiento. Es lo primero que quiero expresar a los dueños de este magnífico restaurante de Tejeda por su cálido y amable recibimiento, el mismo del que gozamos en el resto de nuestra visita a Gran Canaria.





Pero la diferencia está en que aquí lo pudimos disfrutar con todos los sentidos y en un mismo momento.
Primero, nada más entrar al restaurante, e incluso antes, ya que los aromas de los fragantes platos llenan todo el local y parte de la calle, como si fuera una mano que nos toma de la nuestra y nos invita a entrar.
Una vez dentro, la decoración sencilla, sin que sobre ni falte nada pero al mismo tiempo acogedora, como debe ser en un restaurante, sin nada que nos distraiga de lo que hemos venido a hacer, disfrutar de la comida.
Recibidos por el propietario, y servidos por él, hacemos honor a su amabilidad dejando que sea él mismo quien elija lo que vamos a paladear.





Empezando por un riquísimo aceite con flor de sal y vinagre de Módena ( para mojar el crujiente y sabroso pan), unas estupendas papas arrugadas con mojo, y seguimos con unos pimientos de piquillo rellenos y rebozados muy ricos, un inigualable queso del país, un sabroso revuelto de gambas y setas, la famosa ropa vieja, tierna y jugosa, y acabando casi sin poder dar un bocado más con el exquisito costillar con salsa barbacoa.













Y por si fuera poco, un postre de campeonato, flan con helado y nata, bañado con el Bienmesame hecho con las almendras de la zona. Un placer para los sentidos.


Sin duda la Cueva de la Tea, con su amplia carta consigue satisfacer la elección de cualquiera que lo visite, con platos llenos de sabor, muy bien presentados y que invitan a disfrutarlos, con el añadido de una atención y servicio amable y rápido, algo difícil de encontrar hoy en día. Y recuerden que está en Tejeda..
A propósito...¿sabían que una almendra amarga de Tejeda al día puede controlar la diabetes? Magia pura....

Y con tan buen sabor de boca, ponemos punto y final a un viaje lleno de naturaleza, de experiencias nuevas, de gente maravillosa, de excelente comida, de lugares hermosos y acogedores...pero sobre todo una oportunidad única de conocer y compartir de primera mano tan sólo una parte de todo lo que Gran Canaria tiene para ofrecer al mundo.
Hermes da las gracias de todo corazón a quienes han hecho posible esta experiencia y les promete que volverá muy pronto.Hermes adora Gran Canaria.....