jueves, 10 de mayo de 2012

Hotel Copenhaguen Island
En plena bahía de Copenhague, rodeado por la arquitectura de vanguardia que caracteriza a la ciudad, encontramos el estupendo Hotel Copenhaguen Island, un establecimiento que nació sin pretensiones, pero que se está convirtiendo en destino de muchos visitantes de la capital danesa, entre los que se cuentan, por supuesto los cruceristas.

El edificio nos recibe en un terreno ganado al mar y cubierto por pasarelas de madera. El propio hotel se encuentra edificado, como si fuera Venecia, sobre las aguas. Las líneas son muy puras, muy de diseño nórdico, frío por fuera, pero rodeado de cristaleras para aprovechar el sol y la luz natural en los meses más fríos.
La estructura consta de dos edificios que forman una “ L” donde se encuentran las habitaciones, que se unen por medio de una torre central donde se sitúa la recepción del hotel y los ascensores de cristal que dan acceso a las habitaciones de ambos edificios.
Y no es que está precisamente cerca del puerto de cruceros, situado más al norte, cerca de la preciosa Sirenita, pero es que la singularidad del entorno y la comodidad a la hora de llegar al aeropuerto o volver a él, más la cercanía del servicio de metro y el propio hotel, hacen de él una buena opción.
Y es que tampoco hace falta, a menos que seamos muy cómodos, usar el transporte público para llegar al centro. Sin ir más lejos, el Tívoli, archifamoso parque de atracciones, está a dos pasos del hotel, e incluso alguna de las atracciones se pueden ver desde las habitaciones.
La sala de desayuno se encuentra en la parte baja del más pequeño de los dos, con una preciosa terraza acristalada que parece flotar sobre el canal. La oferta gastronómica para el desayuno es muy variada, poniendo especial atención en muchas especialidades nórdicas como el arenque ahumado o la bollería escandinava, lo que me hizo pensar en que es un hotel de elección prioritaria para los mismos daneses y sus vecinos de Suecia y Noruega.
La recepción es muy rápida y toda la ayuda que nos proporcionan los empleados del hotel es preciosa. Hablan inglés, pero muy despacio y claro, y se desviven por despejar todas nuestras dudas y preguntas. Con un mapa que nos proporcionan rápidamente nos hacemos una idea de la ciudad y de igual manera nos sugieren bares y restaurantes a nuestro gusto en el centro.

Pero subamos a la habitación. Tuve la inmensa suerte de que me tocara un precioso y luminoso alojamiento con un balconcito de cara a la bahía y a las piscinas de verano que se instalan en la época estival. Parecía que los edificios que estaban enfrente flotaban, como el mismísimo hotel sobre las aguas.
Ya sólo con esta vista, me había ganado el hotel. El resto lo completó la comodísima cama, y el impoluto baño, sencillo pero completo.
El hotel completa sus servicios con oferta de alquiler de kayaks, gimnasio, rutas para jogging y bicicleta, alquiler de botes de motor, y gimnasio.
En resumen, se trata de una opción diferente, en un establecimiento a un precio moderado, que nos permite ponernos en el centro en pocos minutos y con conexión rápida con el puerto de cruceros y con el aeropuerto, lejos del bullicio del centro pero cerca de los principales puntos de interés. Muy recomendable.

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